Nous n’avons rien à voir avec ça

Posted by Xoán Abeleira | Posted in André Breton, Comentarios fóra de lugar, Superrealismo | Posted on 04-06-2013

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Ahí atrás, al encender el televisor, nos topamos con la ceremonia de la entrega del Premio Cervantes. Entre los asistentes al acto, divisamos a varios artistas y varios editores rodeados de sus respectivas camarillas de poetas premiados y premiadores. <<De estar vivo>>, pensamos, <<imposible ver ahí a André Breton>> -pongamos. Ni a Benjamin Péret. Ni a René Char –que rechazó varias veces la propuesta de recibir el Premio Nóbel en fidelidad al joven poeta superrealista que había sido…

            Durante toda su vida <<Breton distinguió claramente la literatura de la poesía: “La primera, ya se vuelva hacia el mundo exterior o ya se prevalga de la introspección, a mi juicio tan sólo nos entretiene con chilindrinas; la segunda es una aventura del todo interior, la única que me interesa.” La poesía, para él, depende ante todo de la magia verbal y ofrece al ser humano la posibilidad de regresar a la esencia misma [de sí mismo y/o de la vida]>>.[1]

            La literatura es ficción –aunque trate de la vida. La poesía, en cambio, lejos de ser la treta de un fingidor (Pessoa) es sinónimo de verdad (Char), trata directamente con la vida: <<La poesía no tendría para mí el menor interés si no esperase de ella que nos aporte, tanto a mis amigos como a mí, una solución particular al problema de nuestra vida.>>

            <<No tenemos nada que ver con la literatura>>, reza el primer punto de la “Declaración del 27 de enero de 1925”, redactada básicamente por Antonin Artaud, al parecer, pero firmada por todos los miembros que el grupo tenía en ese momento. Y añade: <<Pero somos muy capaces de servirnos de ella, como todo el mundo, si es preciso.>>

Los críticos adversos a Breton recurren siempre a ésta y otras declaraciones similares del poeta para subrayar su “incoherencia”, y, acto seguido, con una sonrisa en los labios, citan la “Carta abierta a André Breton sobre las relaciones entre el Superrealismo y el Gran Juego” que le escribió René Daumal, con motivo de las diferencias entre los dos grupos, advirtiéndole: <<Cuídese, André Breton, de no figurar algún día en los manuales de historia de la literatura.>> ¿Qué le reprochan? ¿Que publicase libros en vida? ¿Que sus Oeuvres complètes formen parte de la Bibliothèque de la Pléiade? ¡También Daumal, el excelente autor de Poesía negra, poesía blanca y El Contra-Cielo publicó sus libros y ahora figura en el catálogo de Gallimard! Incluso contamos con una edición en castellano de su Obra poética completa,[2] cosa que todavía no podemos decir de Breton.

            El joven André se autoeditó casi todos sus primeros libros. Cuando escribió La Unión Libre (1931), sacó sólo cien ejemplares (de los cuales envío uno a un único crítico) y en la portada no figuraba el nombre del autor. Hasta que lo reeditó, en 1948, formando parte del volumen Poèmes (su primer poemario publicado en una editorial de prestigio) prácticamente sólo sus amigos y conocidos sabían que él era el creador de uno de los poemas de amor más bellos del siglo XX. ¿Qué poeta joven de hoy, loco por “triunfar”, se atrevería a hacer tal cosa y guardaría tal silencio?

            En los diccionarios del Superrealismo, la palabra “literatura” o no aparece o aparece referida a la revista que, a manera de desafío, crearon Breton, Soupault y Aragon en 1919. Sin embargo, tanto Breton como sus compañeros hablaron y escribieron mucho sobre literatura, y no siempre despectivamente. ¿A qué se referían entonces en la citada declaración de 1925? A lo que callan los críticos adversos: a que, a diferencia de éstos, los superrealistas no escribían, pintaban, esculpían… para trepar en el mundillo artístico o académico. No anhelaban, como los literatos, hacer carrera en la sociedad sino, por el contrario, situarse al margen de ésta. Y cuando alguno de ellos decidía empezar a hacerla, Breton y los demás lo expulsaban, con razón, del grupo (el caso de Eluard es el más claro). Lo más desesperante de esto (desesperante para los que envidiamos ser como ellos) es que gente como Breton o Péret mantuvieran esa integridad, esa coherencia hasta el final de sus días. Ellos y muchos de los jóvenes que se unieron a al grupo en los años cincuenta y sesenta, como Joyce Mansour, Gérard Legrand, Leonor Fini, Sarane Alexandrian o Annie Le Brun (que todavía vive, ¡y cómo!). Por no hablar de grupos actuales, como el Grupo Surrealista de Chicago o el Grupo Surrealista de Madrid, que siguen en sus trece.

<<Breton fue siempre un líder con una camarilla a su alrededor>>, es lo que están pensando ahora algunos. ¿Y qué? Breton, sí, fue una de las figuras más influyentes de su época, en muchos sentidos, no sólo el poético, y, naturalmente, los jóvenes como él acudían a él en busca de opinión, de consejo y hasta de ayuda para publicar o exponer. Pero Breton no fue un literato. No vivió de la literatura. Nadie lo vio nunca ir de presentación en presentación, de encuentro en encuentro, de congreso en congreso, de feria en feria, y cobrando. Nadie lo vio nunca presidiendo una asociación, una fundación, un instituto, un jurado, ni, por supuesto, dando o recibiendo un premio, y cobrando. Luego, no hay más que decir, salvo: Chapeau!

 


[1] Cf. Dictionnaire André Breton, p. 804.

[2] Obra poética completa. Trad., notas, biografía y estudio previo de J. Dardón y A. Bollini, Alción Editora ,Córdoba (Argentina), 2012.

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