Reseña de “Pleamargen” en Détour

Posted by Xoán Abeleira | Posted in André Breton, Artigos alleos, Críticas, Traducións | Posted on 19-03-2016

Outra das moitas reseñas e críticas que están a saír verbo do noso Breton. Esta, da mao de Juan Giménez García:

http://diarios.detour.es/literaturas/andre-breton-la-busqueda-de-lo-absoluto-por-juan-jimenez-garcia#comment-26549

Reseña de “Pleamargen” en Cuadernos Hispanoamericanos

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos, Críticas | Posted on 17-03-2016

http://www.aecid.es/Centro-Documentacion/Documentos/Publicaciones%2520AECID/CH_789_MARZO_2016.pdf

Reseña de Beatriz García Ríos no número 789 (!) de Cuadernos Hispanoamericanos. Gustaríame coñecer a autora para responderlle de viva voz as cuestións que formula nela.

Obrigado.

 

 

 

 

Arturo Casas: “Animais Animais”

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos, Críticas | Posted on 06-10-2011

No ano 2001, o poeta, crítico, tradutor, ensaísta e profesor Arturo Casas tivo a amabilidade de ser a primeira persoa que escribiu verbo do meu primeiro libro en galego, Animais Animais, co gallo da presentación do mesmo. O seu texto -que xa entón me pareceu dunha extraordinaria lucidez, e, xaora, dunha excesiva xenerosidade- pode lerse agora pendurado na web   http://www.poesiagalega.org/. Cousas, ámbalas dúas, polas que lle estou enormemente agradecido.

Velaquí volo deixo en formato pdf:

casas_2001_abeleira

Blake e a democracia materialista/capitalista

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos | Posted on 06-06-2011

‹‹Blake nunca deslindó política de [espiritualidad]; es más, la política en su sentido literal, como expresión de la voluntad mayoritaria de una polis, le parecía un extravío, la aplicación de un criterio puramente cuantitativo, la razón o ratio, que ignoraba y hasta se enfrentaba a la única libertad posible, la espiritual (…) Blake habría estado totalmente de acuerdo con la definición de Borges de la democracia como una “superstición de la estadística” (…)

         Aunque defendió muchas de las causas libertarias de su tiempo (…) Blake no fue propiamente un humanista: su denuncia no buscaba sólo la transformación del orden social sino que implicaba el reconocimiento de que el ser humano era, sobre todo, una realidad espiritual, “una forma y un órgano” [mediante los cuales] Dios “reside en el pecho” de cada individuo; a su juicio, las doctrinas que no buscan la liberación espiritual y se quedan simplemente en la lucha por mejores condiciones materiales (…) no son sino desarrollos ulteriores de esa misma ideología materialista que ha causado el mal, una forma como  cualquier otra de jugar con las cartas del enemigo y aceptar sus reglas de juego.

        A su juicio, la incipiente Revolución Industrial era el fruto emponzoñado de una filosofía mecanicista (la “doctrina de Satán”) cuya imagen más emblemática, “los molinos satánicos”, con sus circuitos y engranajes girando ciegamente en el vacío (…) eran literalmente mataderos del alma, carnicerías donde el ser humano se dejaba el espíritu persiguiendo fantasmas de progreso y bienestar material que lo apartaban de la plenitud verdadera (…)›› (Jordi Doce, “Introducción” a Ver un mundo en un grano de arena. La cursiva es suya.)

    

Asamblea de la Puerta del Sol – Habla Agustín García Calvo – Madrid, 19 de mayo de 2011

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos | Posted on 22-05-2011

 

Sois la alegría, es la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto: vosotros los mismos o casi todos, hace unos pocos meses o semanas, tampoco lo preveíais que pudiera surgir. Aunque esto es así, la alegría es lo inesperado y no hay otra alegría, no hay futuro, como repetiré ahora, sin embargo voy a decir algo que parece contradictorio, que es que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarentayseis. [vivas y aplausos]

Os cuento un poco cómo: por los años sesenta, como habéis oído los más jóvenes, empezó a levantarse por el mundo una oleada principalmente de estudiantes en las universidades, cámpuses y sitios así de Tokio, California… el sesentaycinco, en febrero, esa oleada llegó a Madrid; yo me dejé arrastrar por ella con mucha alegría, me costara lo que me costara; como sabéis la ola después siguió en Alemania con Rudi Dutschke el Rojo y después finalmente en Francia, con el famoso mayo francés, donde fue más o menos terminando la ola. Os voy a decir cómo entiendo yo que aquello del año 65 se relaciona con esto. Tal vez alguno de los más viejos o no tan viejos os lo podrán decir que aquí seguramente incluso los padres de los más viejos de vosotros eran en aquel entonces estudiantes en la ciudad universitaria de Madrid, corriendo conmigo delante de los guardias, que entonces se llamaban los grises… pero por mi parte os lo voy a decir: es que en aquellos años en el mundo avanzado o “primero” se estaba estableciendo un régimen, un régimen del poder, que es justamente éste mismo que ahora estáis padeciendo conmigo… Me callo un poco mientras… [mucho jaleo. Una voz: “No te calles, sigue!”] …se estaba estableciendo este régimen, que es el que hoy estáis padeciendo conmigo, y que es, para decirlo brevemente, el régimen, la forma de poder en que el Estado, la gobernación, la administración estatal está del todo confundida con el capital, con las finanzas, con la inversión financiera: enteramente confundida. [aplausos, gritos] Por tanto se puede decir que es el Régimen del Dinero, simplificando, y por tanto yo creo que muchos de vosotros por lo bajo estáis sospechando que es contra eso principalmente contra lo que os levantáis, contra lo que sentís ganas de gritar, de decir lo único que el pueblo sabe, que es decir ¡NO! [aplausos largos. Voces: “ahí está”]

Por tanto, aquello que me arrebató a mis treintaynueve años, hace cuarenta y seis, es lo mismo que ahora llega a su culminación, a su casi vejez: el régimen del estado-capital, el régimen del dinero, efectivamente da señas él mismo de estar cansado, con cosas como los cuentos de la larguísima crisis y cualesquiera otros que os lleguen, y con las cifras y estadísticas con las que cada día tratan de entreteneros para que no sintáis, no os deis cuenta de lo que está pasando por detrás de las cifras y de los nombres que gobiernos o partidos sacan para eso, para teneros entretenidos precisamente. De manera que es bastante lógico que me encuentre entre vosotros en este momento de, más que madurez, envejecimiento del régimen, como me encontraba en sus comienzos. Para mí el levantamiento de los estudiantes por el mundo en el 65 obedecía a que se daban cuenta de lo que nos venía encima; ahora vosotros habéis tenido mucha más cantidad de sufrimiento directo de lo que el régimen es, aunque lo llaméis con diferentes nombres a este sufrimiento, y por tanto es, al mismo tiempo que inesperado, lógico que os estéis levantando y voceando contra ello.

Yo puedo contaros más, pero tampoco querría, por ponerme aquí a colaborar a mi manera con este levantamiento, como quiera que lo llaméis, no querría parecer que vengo a dar consejo, pero, a pesar de que no quiero parecer tal cosa, os voy a adelantar un par de ocurrencias que me vienen, ocurrencias negativas sobre todo. Lo primero es no contar para nada con el Estado sea cual sea: ninguna forma de organización estatal. [aplausos y revuelo] Es un error que por lo que veo muchos de vosotros percibís sin que haga mucha falta decíroslo. Por tanto, y a consecuencia y a continuación, tampoco se puede utilizar para nada la Democracia, ni el nombre de ‘democracia’. Lo siento, esto ya veo que no despierta tan inmediatos aplausos, pero sin embargo tengo que insistir en ello. Ya comprendo que lo de elegir lemas como “Democracia real ya” puede ser, por parte de quien lo inventara, una táctica, una táctica para no dar demasiado la cara, porque parecería que decir de frente y de inmediato “¡No a cualquier Estado, democrático o no!”, podría sonar mal y esta timidez o modestia puede esplicarlo, pero yo creo que es hora de irse desprendiendo de este engaño. La Democracia es un trampantojo, es un engaño para lo que nos queda de pueblo vivo y de gente; lo era ya desde que se inventó entre los antiguos griegos en Atenas y otros sitios. Es un trampantojo que está fundado sobre todo en esta confusión que el nombre mismo denuncia: demo y kratos. Kratos es poder y Demo se supone que es pueblo, y, sea lo que sea de los avatares de cualquier historia, nunca el pueblo puede tener el poder: el poder está contra el pueblo. [bravos] Esto es una cosa demasiado clara, pero hay que entenderla. [aplausos y vivas] De manera que supongo que esta contradicción que está ínsita en el propio nombre de la democracia os anima mucho más a entenderlo de veras. El régimen democrático es simplemente el más avanzado, el más perfecto, el que ha dado mejores resultados, el que ha llegado a producir el Régimen del Bienestar en el que nos dicen que vivimos; es simplemente eso, pero al mismo tiempo no deja de ser el Poder, el de siempre. Por el contrario, cuanto más perfecto, cuanto más avanzado, está más avanzado en sus trucos para engañar y por tanto en el manejo de la mentira, que es esencial para cualquier Poder. Esto espero que lo entendáis también bien: sin mentira no se sostiene ninguna forma de Poder. La mentira es el hacer creer, la fe, y ése es el cimiento, el fundamento para cualquier estado. De manera que, si alguno de vosotros tiene la ilusión de acceder a una democracia mejor, pues le pediría que se fuera desengañando de ese camino. No es por ahí, no es por ahí, y si vuestro levantamiento llegara a alcanzar un carácter organizado, en definitiva semejante al de la propia administración del Estado, estaría ya con ello mismo perdido, no estaría haciendo más que repetir otra vez la misma historia con otros colores y perfeccionada justamente porque ha asimilado el levantamiento, porque ha asimilado la protesta, que es la manera en que a través de revoluciones siempre fracasadas los estados han venido avanzando; es lo que justamente les hace falta, porque para seguir siendo el mismo como lo es, el Dinero no puede menos de cambiar, cambiar para seguir igual: éste es el gran truco que tenéis encima. Cuando os sugiero o os pido la renuncia a ideas de otro estado mejor, de otro poder mejor y os recuerdo que… [jaleo grande en la plaza]

…ya voy a terminar para que os entretengáis con otras cosas a lo mejor más divertidas que yo. Cuando estoy atreviéndome a recomendaros el desengaño de cualquier forma de poder, y por tanto estoy borrando de la lista algunas de las reivindicaciones que vuestros dirigentes han establecido y divulgado, al mismo tiempo os estoy desengañando de otra cosa, que es el Futuro, el Futuro: éste es el enemigo. Comprendéis bien que al rechazar vuestro levantamiento como intención de encontrar otro régimen mejor, estoy desengañándoos de el futuro [“¿qué propones?”]. El futuro es eso con que os engañan, a los viejos también, pero sobre todo a los más jóvenes, cada día: os dicen “tenéis mucho futuro” o “tenéis que haceros un futuro”, “cada uno tiene que hacerse su futuro” y eso es justamente, aunque no lo digan, una resignación a la muerte, a la muerte futura. El futuro es eso; por tanto el futuro es el que necesita el Capital; el dinero no es más que crédito, es decir, futuro, fe en el futuro; si no pudiera echar cuentas, ni habría Banca ni habría presupuestos estatales. El futuro es de ellos, es su arma. Por tanto nunca dejéis que os suene como algo bendito o beneficioso: debe sonaros justamente a muerte, que es lo que es el futuro. Lo que estemos haciendo aquí, lo que estéis haciendo aquí, ello dirá lo que da de sí, pero no tenemos futuro; no tenemos futuro porque eso es propio de las Empresas, de las finanzas y del Capital. ¡No tenéis futuro!: esto es lo que hace falta ser valientes para denunciar.

Os voy a dejar ya, no voy a hacer más sugerencias por ahora. Una cosa mucho más práctica y de momento: desearía por supuesto que después de las famosas elecciones de… del 22, que estorban mucho, (ya lo habréis visto cómo no sólo los Medios os enredan junto con la cuestión de las elecciones, que no tienen nada que hacer, sino que muchos de vosotros perdéis una gran parte de vuestro tiempo pensando cuál es lo que hay que hacer respecto a votar o no votar y votar por acá o votar por allá), es un estorbo formidable… de manera que mi deseo sería que, cuando pase ese coñazo, esa estupidez de las votaciones, sigáis vivos, sigáis vivos y más o menos juntos los unos con los otros. [aplausos] Y en ese caso me atrevería a sugeriros una táctica de momento (seguir haciendo las asambleas aquí es probablemente un error que no puede sostenerse mucho): desde luego en esto, en una rebelión como ésta, como ya creo que todos sabéis, no puede haber otro Órgano ni decisivo ni representativo más que las asambleas. Y os lo voy a decir enseguida por qué [aplausos]: no puede haberlo porque las asambleas como ésta misma tienen esta gran ventaja: que no se sabe cuántos son, están entrando y saliendo, y nunca se pueden contar, y por tanto nunca pueden votar, como hacen los demócratas, porque no se sabe ni cuántos son ni cabe estadística ni cabe cómputo ninguno. Esto es lo que a una gran asamblea la acerca a ser eso de pueblo, que no existe pero que lo hay, y que es lo que queda por debajo de las personas, que ésas, sí, se cuentan en número de almas y en número de votos, pero lo que queda por debajo, no. Así que no renunciar nunca a las asambleas. Tal vez una dispersión.

Ahora me dirijo un poco a la parte de vosotros que son estudiantes más o menos y que me tocan más de cerca: una de las tareas más inmediatas sería ocupar las escuelas y facultades, con caramés incluído [aplausos]. Y termino diciéndoos por qué: porque hace mucho tiempo bajo el Régimen del Bienestar, bajo este régimen que padecemos, los centros de enseñanza, las Universidades, han quedado reducidas a una sola condición real, que es la examinación: examinar, todo lo demás son cuentos [aplausos]. Tienen que examinar para producir por ese camino futuros funcionarios tanto del Capital como del Estado o de la Universidad misma, que es también una parte de esos implementos del Estado. [Interrupción por cánticos en la plaza: “oé oé oé/ lo llaman democracia y no lo es”].

Por tanto y para dejaros, mi sugerencia va en este sentido: ocupación de los centros, hacerlos reconocer que no están ahí ni para enseñar ni para investigar ni para nada, que están ahí para examinar, examinaros y producir así futuros funcionarios, están creando vuestro futuro, en eso no nos engañan, y por tanto la acción más inmediata ¿cuál puede ser?: pues naturalmente la destrucción, el boicoteo de los exámenes en curso; por ejemplo, los que ahora acaban de empezar en mayo mismo. Es algo de corazón [aplausos]. Con esto que a lo mejor lo primero os puede parecer un poco descabellado, pero que, si os dejáis pensarlo, a lo mejor no tanto, recordando que la sumisión a los exámenes es simplemente sumisión al futuro, que nosotros no tenemos futuro, y recordando que los centros en los que estáis metidos están destinados solamente a eso, a la fabricación de futuro y números de funcionarios, tal vez no os parezca tan insensata la propuesta. Pero os parezca o no, con esto ya me despido, volviendo a repetiros la alegría que esto tan inesperado me ha traído y que al mismo tiempo estaba esperando desde el año ’65. ¡Salud! [¡Gracias!].

Un artigo d’O Rivas sobre John Berger, “Porca terra” e algunhas cousas máis

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos, Críticas | Posted on 19-02-2011

                “(…) Hai poetas de máis por habitante en Galicia? Nun deses estrelampos que permite o humor, Marcial Suárez (O acomodador e outras historias) dicía que Allariz era o lugar con “máis igrexas por católico cadrado”. Co número de poetas en Galicia tense intentado un xogo irónico semellante, con infeliz resultado por parte dos cronistas que o intentaron. Nin en Galicia, nin no mundo enteiro, hai tantos poetas como debera. Diría máis: un dos problemas de Galicia e do mundo é a escaseza de mentes poéticas. Se, entre outras cousas, a poesía é a verdade que se rebela contra as aparenzas, poderiamos concluír que en Galicia hai un déficit poético (…)         

                 Xoán Abeleira é un prometeo que adoita traballar na sombra. Escribe de cando en vez en La Opinión de A Coruña artigos insólitos, mananciais de frescura sorprendente en pleno quecemento global. Autor d’ A pegada de Man, en memoria dese mártir do ecocidio. Unha das mellores mentes, Abeleira, que non devorou o Moloch. E que [amais de tradutor e xornalista] tamén é poeta.

                Esa idea de que se levantas unha pedra en Galicia pois sae un poeta é unha brincadeira cando se di entre poetas. É unha arroutada antipática no ámbito xornalístico. Se levantas unha pedra, non sae un Abeleira. O que adoita saír é un paspán (…)” 

Manuel Rivas, artigo publicado no suplemento Luzes, de El País.

http://www.aelg.org/resources/centrodoc/members/paratexts/pdfs/autor266/PT_paratext2183.pdf

http://www.elpais.com/articulo/Galicia/Moita/merda/elpepiautgal/20071214elpgal_20/Tes

Fragmento dunha entrevista con Ted Hughes

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos, Propostas culturais | Posted on 26-12-2010

          The following excerpt is taken from an interview with Ted Hughes published in the Paris Review, Spring 1995.

INTERVIEWER: You have been associated with Mark Strand and W.S. Merwin. How do you see their work as compared to yours?

 HUGHES: I know Merwin’s work pretty well. Mark Strand’s less well, though I look at it very closely wherever I find it. I’ve been close to Bill Merwin in the past. I got to know him in the late fifties through Jack Sweeney who was then running the Lamont Poetry Library at Harvard. They had a house in London, and when Sylvia and I got back there in late 1959 they helped us a lot, in practical and other ways. Dido Merwin found us our flat, then half furnished it, then cooked things for Sylvia in the run up to our daughter being born. That was the high point of my friendship with Bill. He was an important writer for me at that time. It was a crucial moment in his poetry – very big transformations were going on in there; it was coming out of its chrysalis. And I suppose because we were so close, living only a couple of hundred yards apart, his inner changes were part of the osmotic flow of feelings between us. Very important for me. That’s when I began to get out of my second collection of poems and into my third – which became the book entitled Wodwo. He helped me out of my chrysalis, too. Part way out. And he was pretty important for Sylvia a little later, when the Ariel poems began to arrive in early 1962. One of the hidden supply lines behind Ariel was the set of Neruda translations that Bill did for the BBC at that time. I still have her copy. It wasn’t just Neruda that helped her. It was the way she saw how Bill used Neruda. That wasn’t her only supply line, but it was one. I think Bill’s traveled further on his road than any contemporary U.S. or British writer I can think of. Amazing resources and skills.

INTERVIEWER: What do you think of the label “confessional poetry” and the tendency for more and more poets to work in that mode?

HUGHES: Goethe called his work one big confession, didn’t he? Looking at his work in the broadest sense, you could say the same of Shakespeare: a total self-examination and self-accusation, a total confession – very naked, I think, when you look into it. Maybe it’s the same with any writing that has real poetic life. Maybe all poetry, insofar as it moves us and connects with us, is a revealing of something that the writer doesn’t actually want to say, but desperately needs to communicate, to be delivered of. Perhaps it’s the need to keep it hidden that makes it poetic – makes it poetry. The writer daren’t actually put it into words, so it leaks out obliquely, smuggled through analogies. We think we’re writing something to amuse, but we’re actually saying something we desperately need to share. The real mystery is this strange need. Why can’t we just hide it and shut up? Why do we have to blab? Why do human beings need to confess? Maybe, if you don’t have that secret confession, you don’t have a poem – don’t even have a story. Don’t have a writer. If most poetry doesn’t seem to be in any sense confessional, it’s because the strategy of concealment, of obliquity, can be so compulsive that it’s almost entirely successful. The smuggling analogy is loaded with interesting cargo that seems to be there for its own sake – subject matter of general interest – but at the bottom of Paradise Lost and Samson Agonistes, for instance, Milton tells us what nearly got him executed. The novelty of some of Robert Lowell’s most affecting pieces in Life Studies, some of Anne Sexton’s poems and some of Sylvia’s, was the way they tried to throw off that luggage, the deliberate way they stripped off the veiling analogies. Sylvia went furthest in the sense that her secret was most dangerous to her. She desperately needed to reveal it. You can’t overestimate her compulsion to write like that. She had to write those things – even against her most vital interests. She died befor e she knew what The Bell Jar and the Ariel poems were going to do to her life, but she had to get them out. She had to tell everybody -like those Native American groups who periodically told everything that was wrong and painful in their lives in the presence of the whole tribe. It was no good doing it in secret; it had to be done in front of everybody else. Maybe that’s why poets go to such lengths to get their poems published. It’s no good whispering them to a priest or a confessional. And it’s not for fame, because they go on doing it after they’ve learned what fame amounts to. No, until the revelation’s actually published, the poet feels no release. In all that, Sylvia was an extreme case, I think.

INTERVIEWER: Could you talk a bit more about Sylvia?

HUGHES: Sylvia and I met because she was curious about my group of friends at university and I was curious about her. I was working in London but I used to go back up to Cambridge at weekends. Half a dozen or so of us made a poetic gang. Our main cooperative activity was drinking in the Anchor and our main common interest, apart from fellow feeling and mutual attraction, was Irish, Scottish and Welsh traditional songs – folk songs and broadsheet ballads. We sang a lot. Recorded folk song was rare in those days. Our poetic interests were more mutually understood than talked about. But we did print a broadsheet of literary comment. In one issue, one of our group, our Welshman, Dan Huws, demolished a poem that Sylvia had published, “Caryatids”. He later became a close friend of hers, wrote a beautiful elegy when she died. That attack attracted her attention. Also, she had met one of our group, Lucas Myers, an American, who was an especially close friend of mine. Luke was very dark and skinny. He could be incredibly wild. Just what you hoped for from Tennessee. His poems were startling to us – Hart Crane, Wallace Stevens vocabulary, zany. He interested Sylvia. In her journals she records the occasional dream in which Luke appears unmistakably. When we published a magazine full of our own poems, the only issue of St. Botolph’s, and launched it at a big dance party, Sylvia came to see what the rest of us looked like. Up to that point I’d never set eyes on her. I’d heard plenty about her from an English girlfriend who shared supervisions with her. There she suddenly was, raving Luke’s verses at Luke and my verses at me. Once I got to know her and read her poems, I saw straight off that she was a genius of some kind. Quite suddenly we were completely committed to each other and to each other’s writing. The year before, I had started writing again, after the years of the devastation of university. I’d just written what have become some of my more anthologized pieces – “The Thought Fox,” the Jaguar poems, “Wind.” I see now that when we met, my writing, like hers, left its old path and started to circle and search. To me, of course, she was not only herself: she was America and American literature in person. I don’t know what I was to her. Apart from the more monumental classics – Tolstoy, Dostoyevsky and so on – my background reading was utterly different from hers. But our minds soon became two parts of one operation. We dreamed a lot of shared or complementary dreams. Our telepathy was intrusive. I don’t know whether our verse exchanged much, if we influenced one another that way – not in the early days. Maybe others see that differently. Our methods were not the same. Hers was to collect a heap of vivid objects and good words and make a pattern; the pattern would be projected from somewhere deep inside, from her very distinctly evolved myth. It appears distinctly evolved to a reader now – despite having been totally unconscious to her then. My method was to find a thread end and draw the rest out of a hidden tangle. Her method was more painterly, mine more narrative, perhaps. Throughout our time together we looked at each other’s verses at every stage – up to the Ariel poems of October 1962, which was when we separated.

INTERVIEWER: Do you know how Sylvia used her journals? Were they diaries, or notebooks for her poetry and fiction?

HUGHES: Well, I think Janet Malcolm in the New Yorker made a fair point about the journals: a lot of what’s in them is practice shaping up for some possible novel, little chapters for novels. She was constantly sketching something that happened and working it into something she thought might fit into a novel. She thought of her journals as working notes for some ultimate novel, although, in fact, I don’t think any of it ever went into The Bell Jar. She changed certain things to make them work, to make some kind of symbolic statement of a feeling. She wasn’t writing an account of this or that event; she was trying to get to some other kind of ancient, i.e., childhood, material. Some of her short stories take the technique a stage further. Wanting to express that ancient feeling.

INTERVIEWER: What happened to Plath’s last novel that was never published?

HUGHES: Well, what I was aware of was a fragment of a novel about seventy pages. Her mother said she saw a whole novel, but I never knew about it. What I was aware of was sixty, seventy pages which disappeared. And to tell you the truth, I always assumed her mother took them all, on one of her visits.

INTERVIEWER: Would you talk about burning Plath’s journals?

HUGHES: What I actually destroyed was one journal which covered maybe two or three months, the last months. And it was just sad. I just didn’t want her children to see it, no. Particularly her last days.

INTERVIEWER: What about Ariel? Did you reorder the poems there?

HUGHES: Well, nobody in the U.S. wanted to publish the collection as she left it. The one publisher over there who was interested wanted to cut it to twenty poems. The fear seemed to be that the whole lot might provoke some sore of backlash – some revulsion. And at the time, you know, few magazine editors would publish the Ariel poems, few liked them. The qualities weren’t so obvious in those days. So right from the start there was a question over just how the book was to be presented. I wanted the book that would display the whole range and variety. I remember writing to the man who suggested cutting it to twenty – a longish intemperate letter, as I recall – and saying I felt that was simply impossible. I was torn between cutting some things out and putting some more things in. I was keen to get some of the last poems in. But the real problem was, as I’ve said, that the U.S. publishers I approached did not want Sylvia’s collection as it stood. Faber in England were happy to publish the book in any form. Finally, it was a compromise – I cut some things out and I put others in. As a result I have been mightily accused of disordering her intentions and even suppressing part of her work. But those charges have evolved twenty, thirty years after the event. They are based on simple ignorance of how it all happened. Within six years of that first publication all her late poems were published in collections – all that she’d put in her own Ariel, and those she’d kept out. It was her growing frame, of course, that made it possible to publish them. And years ago, for anybody who was curious, I published the contents and order of her own typescript – so if anybody wants to see what her Ariel was it’s quite easy. On the other hand, how final was her order? She was forever shuffling the poems in her typescripts – looking for different connections, better sequences. She knew there were always new possibilities, all fluid.  

A Torre

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Artigos alleos, Propostas culturais | Posted on 16-10-2010

 

“Este arcano representa el poder del fuego consumidor y purificador que destruye y barre hacia fuera lo viejo. La Torre del ego se tambalea hasta sus cimientos. Todo lo que intentamos guardar queda destruido y la supuesta seguridad del pasado queda irrevocablemente sacudida. Exige la comprensión de que todo lo que pasa en la vida viene del amor [¿apego?] eterno a la misma, e incluye oportunidades para aprender y descubrir. Este conocimiento de la verdadera naturaleza de los hechos nos permite reconocer los valiosos regalos que recibimos a través de las perdidas y las desilusiones dolorosas. Simboliza la destrucción implacable que llega desde el cielo. Es una energía absolutamente curativa; tal como es necesario extirpar del cuerpo aquello que lo enferma; de igual manera se necesita la destrucción de las relaciones y situaciones sin salida que impiden el desarrollo. Todo esto puede resultar muy hostil, pero el alivio automáticamente sucede al trauma.”

http://www.consultacartas.com/carta_tarot_la_torre.html

Entrevista co escritor Antón Castro n’A Opinión d’A Cruña

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Amig@s, Artigos alleos | Posted on 12-10-2010

 

http://www.laopinioncoruna.es/contraportada/2010/10/12/contraportada-anton-castro-futbol-cuento-aproxima-arte-contar-vida/428185.html

José Antonio Labordeta

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Amig@s, Artigos alleos, In memoriam, Vídeos | Posted on 20-09-2010

Tiven a honra de coñecer a e de falar con José Antonio Labordeta en varias ocasións. Lembro especialmente unha noite en Teruel, após unha homenaxe ó seu irmao Miguel, un poeta extraordinario ó que cómpre ler e reler, coma ó propio José Antonio.

Coñecín a toda a súa familia. Mormente a Ana Labordeta -unha das mellores actrices da súa xeración-, que foi compañeira e amiga miña no Laboratorio William Layton, coa que fundei unha ompañía teatral (efémera) e a quen mesmo dirixín na que foi a súa primeira aparición pública nun teatro (o Teatro do Mercado, en Zaragoza), interpretando á protagonista dunha peza curta de Tennesee Williams: Fálame coma a chivia e déixame sentir… De feito vina hai pouco, cando pasou por eiquí cunha obra na que actuaba con Federico Lupi. Lembramos vellos tempos, pregunteille polo seu pai, e pedinlle que lle dese a Lupi da miña parte un libro sobre a historia do anarquismo galego…

A morte de Labordeta aféctame sincera e profundamente. Todo o que se poda dicir de bo dil seméllame pouco. Mais a súa existencia foi realmente útil. Cumpríu a súa misión nesta existencia súa dun xeito nobre, xusto e cabal. Así que é imposible que non tivese unha boa morte.

http://www.laopinioncoruna.es/opinion/2010/09/20/opinion-amado-labordeta/421400.html

http://www.publico.es/espana/337487/reflexiones/labordeta/publico

http://www.publico.es/culturas/337527/adios/voz/coherencia

P.S. Amais distes e doutros artigos publicados hoxe, podedes achar unha chea de entrevistas e artigos verbo de Labordeta no espléndido blog de Antón Castro. O segundo link remite ós artigos que J.A.L. escribíu no xornal El Público.