Comentario de Manuel L. Rodrigues verbo d’As nosas sombras no Xardín de Serralves

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 10-11-2010

http://manuellrodrigues.blogspot.com/2010/11/xoan-abeleira.html?spref=fb

Crítica(s) de Antón Castro de “As nosas sombras no Xardín de Serralves”

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 13-10-2010

http://antoncastro.blogia.com/2010/101301-elogio-arrebatado-de-la-amada.php

http://antoncastro.blogia.com/2010/111703-xoan-abeleira-del-loco-amor.php

Outra crítica verbo de “El azor en el páramo”

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas, Traducións | Posted on 01-10-2010

Reseña de Dolores Vilavedra verbo de “As nosas sombras no Xardín de Serralves”

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas, Fotografías de meu | Posted on 01-10-2010

Reseñas das novidades do outono escritas por Dolores Vilavedra, hoxe no Luzes de El País. Entre elas, unha verbo de “As nosas sombras no Xardín de Serralves”. (Foto de Xoán Abeleira).

Reseña as nosas sombras el país

Crítica de Vicente Araguas de “As nosas sombras no Xardín de Serralves”.

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 22-09-2010

 

Déixovos eiquí, en arquivo PDF, a crítica que o domingo pasado sacou, coa súa amabilidade habitual, Vicente Araguas no Ideal Gallego. Tan só aclarar que a falta de información á que alude o compañeiro poeta, novelista e crítico se debeu a un erro de distribución, probablemente, xa que o libro leva unha “postal” cun retrato que fixo Stéphane Lutier por diante e a ficha biobliográfica por detrás.

Crítica Vicente Araguas

Crítica de “El azor en el páramo” de Alberto-García Teresa

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 19-09-2010

El azor en el páramo
Ted Hughes

 

Por Alberto García-Teresa

¿Qué nos queda de nuestra naturaleza animal? ¿Es posible que recobremos nuestra esencia orgánica y mamífera? ¿Podemos recuperar una forma de comunicarnos con el resto de especie respetuosa y cómplice?

Hacia ese horizonte camina la poderosa poesía de Ted Hughes; una obra que aúna un gran dominio de recursos expresivos y de manejo de planos de realidad con una potente imaginería y propuesta ideológica.

Esta antología se abre con un extenso y lúcido estudio introductorio de Xoán Abeleira, en el que se desgranan las claves de la obra de Hughes, y se cierra con unas prolijas notas acerca del trabajo de traducción del mismo Abeleira.

En su poesía, destaca una presencia constante de la naturaleza, hacia la que muestra su reverencia el autor. Tiene preferencia por los entornos nocturnos, envueltos en una atmósfera tenebrosa, y por las especies que habitan la oscuridad. Normalmente, cada texto se centra, como se puede comprobar en los títulos de los poemas («El jaguar», «Una nutria», «Cardos», «Helecho», «Viento», «El oso», «Montañas», «Azor perchado»), en un animal o un elemento natural (también, aunque en menor medida, en la vegetación), en el que se realiza un acercamiento descriptivo. Presta atención a los sucesos que allí ocurren con un espíritu trascendente, y, en ese sentido, son muy llamativos los animales totémicos del autor, que aparecen en distintas ocasiones y siempre como animales de poder: el zorro, el azor, el oso, el lobo… El retrato de los animales se centra en los instintos, en la explosión («la mirada satisfecha de que el ardor la ciegue») de sus capacidades más agresivas, con lo que se realza su poder y su competitividad. Igualmente, sobresale el tono de majestuosidad y, al mismo tiempo, comprensión y cercanía cómplice de los retratos.

Así se hace patente una gran herencia del folklore y del chamanismo en la obra, que explica la particular relación con la naturaleza plasmada en los textos. Es muy importante, en ese sentido, el aspecto mental de esos vínculos entre ser humano y otras especies, pues revela la conciencia del poder de lo primigenio, de la potencia del medio natural y de la capacidad de lo onírico para abrir nuevas cauces de comunicación con la realidad. Con ello, abre la puerta al misterio y a la maravilla reforzando la inocencia y la intuición (que nos devuelve a nuestra condición natural).

Hughes intenta, así, rescatar el animal que escondemos en nuestra mente al relacionar al ser humano y al equiparlo con ello. Este permanece ajeno a estas escenas, pero establece esa comunicación onírica con ellas en ocasiones, a través de constantes sueños de transformación, en los que se convierte en el animal central del poema. Ese vínculo, de clara índole chamánica, también genera en el poema una doble dimensión, y el lector debe moverse por ambos planos, sin desechar ninguno, para contemplar la realidad en su totalidad. De este modo, la naturaleza ataca al racionalismo y también Hughes así nos muestra la pugna del inconsciente animal que pugna por salir a la superficie. Entonces, el irracionalismo, lejos de ser negativo, nos acerca a la pureza de nuestra naturaleza, que parece ser el objetivo del impulso creador de Ted Hughes.

De hecho, Hughes remarca lo separada (y enfrentada) que está nuestra vida con nuestra esencia, con el entorno natural y con sus moradores. De esta manera, el poeta manifiesta la convivencia de «dos mundos», aunque cierra esos contrastes siempre expresando la resistencia y la supremacía del natural.

Efectivamente, el talante de resistencia es constante en todas las piezas, y configura en cierta medida la agresividad de las escenas recogidas, pues se inserta en un contexto beligerante. Se trata de la supervivencia, dentro de un hábitat concreto y también del conjunto de la naturaleza frente al ser humano y del mismo ser humano, que se encuentra en extremo peligro de perder para siempre su esencia. No en vano, Hughes parece intentar perpetuar el orden natural y las relaciones de depredación y convivencia que se dan en él.

Por otro lado, llaman la atención el ciclo de poemas del «Cuervo» (del que en esta antología se han recogido varias piezas), que nos remiten a relatos míticos y a cierta exaltación del primitivismo. Estos textos, en los que algunas encadenaciones irracionales hacen patentes un nuevo sistema de causalidad que remite a lo legendario, se centran en las correrías de ese extraño personaje, de gran fortaleza física, quien protagoniza episodios violentos y de trascendencia con la naturaleza, con detenimiento en los símbolos y espacios funerarios (que son presentados, entonces, como parte de la vida).

Se pueden leer varios poemas que tratan sobre el horror de la guerra, donde plásticamente Hughes plasma la desmembración de los cuerpos. Ahí lleva al extremo la gran atención que presta el escritor al aspecto material del cuerpo humano, tal y como hace con el resto de especies vivas en otros textos. De esta manera, manifiesta la composición antes material que idealista de la vida. Por otra parte, en otras piezas se sumerge abiertamente en el tema de la reencarnación.

También, existen una serie de poemas en los que aparece un «tú» femenino, en los que se desarrolla una turbulenta relación partiendo desde el amor y el deseo.

Así, la poesía de Hughes resulta un ejercicio de aspiración y búsqueda de lo ancestral por parte de todos los seres vivos, de rechazo a la civilización humana, de encarnación cósmica en lo concreto. El poeta se funde con los animales al proyectar sus anhelos sobre ellos, pero poniéndoles en primer plano, otorgándoles la calidad de conductores. Hughes no se expresa mediante los animales, sino que él busca transmitir la expresión de los propios animales, que se descubren como portadores de una sabiduría primordial.

Con todo, El azor en el páramo resulta una edición muy completa, repleta de detalles, que manifiestan la pasión y el cuidado con el cual ha sido elaborada. Con esta antología nos asomamos al frenético abismo en el cual nos sitúa Ted Hughes, a través de una escritura mágica, poderosa y extraordinariamente sugerente, que resalta la comunión con la naturaleza como condición sine qua non para la plenitud.

http://www.culturamas.es/blog/2010/09/19/el-azor-en-el-paramo-de-ted-hughes/

Crítica de Hughes en NOTODO

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 03-08-2010

 

http://www.notodo.com/libros/poesia/1689_ted_hughes_el_azor_en_el_pramo.html

Crítica de Hughes en El Norte de Castilla

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 24-06-2010

A miña boa, benquerida amiga da adolescencia, Concha Galán envíame esta crítica en PDF que apareceu no xornal El Norte de Castilla:

Ted Hughes crñitica Castilla

Crítica de Ted Hughes no xornal La Vanguardia de Barcelona

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 23-06-2010

Grazas a amabilidade da nosa amiga Alicia Guerrero Yeste, velaquí tedes a crítica que John Wilkinson publica hoxe n’A Vanguardia de Barcelona verbo de El azor en el páramo e Gaudete:

azor

Outra crítica de Animales Animales/ Animais Animais

Posted by Xoán Abeleira | Posted in Críticas | Posted on 03-06-2010

Reseña publicada en Galerna, Revista Internacional de Literatura. Nº VIII. 2010.
ISSN: 1541-4752.
En la década de 1840 cuando preguntaban a JMW Turner por la esencia de su estilo, el gran pintor inglés respondía siempre con la misma frase: Yes, atmosphere is my style. Bien podríamos transmigrar esta contestación al poemario Animales Animales del gallego Xoán Abeleira. Una de las cosas más sobrecogedoras de su lectura es que, por encima de rastros, hallazgos y filias emboscadas, sus textos permanecen en la memoria con una temperatura propia, una atmósfera conceptual y lingüística imprevisible, alejada de patrones más o menos estandarizados en nuestra lírica actual. Es verdad que podemos rastrear en ellos la huella transparente de la poesía anglosajona (Plath y Hughes, sobre todo) pero no es menos cierto que esa huella, ese rastro velado, queda redimensionada dentro de un decir potente y singular. Cada poema de Abeleira parece renombrar significaciones, recuperar musicalidades laterales, avivar, en definitiva, un cuerpo entumecido con el propósito de indagar nuevamente la prehistoria de la realidad. Y todo ello travestido de objetos, animales, naturalezas, tiempos sacralizados más allá de una (la nuestra) topografía material y materialista. Nos dice en su Notas del autor: Diez años después de escribir este poema (se refiere al titulado Preludio), escucho al maestro Antonio Gamoneda resumir la idea que se extiende en él (podríamos aplicar este mismo aserto a todo el poemario): «El lenguaje poético es un lenguaje aprendido cuando el mundo era sagrado». Ahora bien, la recuperación poética de lo sagrado necesita un nombrar también sagrado, una forma de enfrentarse a la palabra evitando tanto la (aparente) objetividad contemporánea como el naturalismo clásico. De ahí que Abeleira apele a la videncia, a lo chamánico, a la fuerza de lo existente en lo vivo, sin subterfugios ni barreras. Un lenguaje puesto en tensión y contagiado de instinto. Permítanme que reproduzca una parte del poema Vulpes Vulpes (Zorro): La noche me asiste / El cielo en celo / La luna en / Vulva que reverbera en mí / Con la insultante audacia de las bestias / El invierno / Preñado de lentitud / Me conformó / Ojo por ojo diente por diente / Como una lengua en la madriguera / Mi oscuridad rebosa / Soy lo que tengo este deseo / Y cuanto tengo / Debe buscar salir procurar / Algún espacio que lo comprenda.

El libro se estructura en tres partes que dialogan entre sí dejando a un lado el Preludio (una poética) del que dábamos buena cuenta antes. En la primera, Animales Animales, cada bestia, cada ser de la naturaleza duplicado por la videncia de la palabra nos sumerge en raras correspondencias que, pasadas por la atmósfera simbólica de Abeleira, se convierten en trasuntos de nuestra propia perplejidad. Todo este primer movimiento arrastra una acumulación incesante de animales que personifican nuestros miedos, nuestros anhelos, nuestras fragilidades, del mismo modo, imagino, que los hombres y mujeres del paleolítico convocaban a sus demonios en las pinturas rupestres. Nos informa el poeta en Rathus Rathus (ratas): Me digo bastaría / Con pegar la oreja al suelo bastaría / Con prestarle oídos la cabeza el cuerpo / Entero quizás a ese rumor inclemente / Para conjurar el miedo bastaría / Me digo y me repito / Con asomarse cada día a las cloacas / De todos de cada uno / Para aceptar definitivamente que están ahí. El segundo movimiento, Olca (poemas de amor animal), constituye a mi juicio uno de los hallazgos más deslumbrantes del libro. Alejado de la tradición poético-amatoria española, estos poemas despliegan una desconcertante manera de aproximarse al deseo, tomando como puntos de anclaje la animalidad (auténtico sancta santorum del poemario), la desnudez de la piel y, en consonancia con el resto de la obra, la sacralidad resguardada en las heridas del cuerpo. Impagables son los poemas De una a otra albada y Suite de la dicha cuyo final reproducimos a continuación: Ya lo ves / En esta edad en que el hastío nos golpea / Con su forma más insensata incomprensible / Yo canto la delicia de no tenerte / Para tenerte por siempre ya a mi lado / Pues entre los dos sabemos que / La dicha es la verdadera Revolución / Amor el colmo de la Insumisión. Tras dejar el interludio amoroso nos adentramos en la tercera y última parte del libro, Poemas animales, donde se recupera el tono de la primera sección mas ahora incorporándole un sentido temporal y colectivo más amplio que lo convierten en una suerte de indagación global, un intento por devolver a las palabras de la tribu la pureza perdida después de tantos siglos de racionalización (que no de racionalidad como sugiere el filósofo francés Edgar Morin). Estos poemas animales percuten con tanta fuerza o más que los de las secciones anteriores, dejando tras de sí en la retina lectora un eco extraño, magullado.

Roberto Bolaño en la entrevista que le hiciera para la televisión chilena Cristián Warnken, recordando algunos de sus poetas favoritos y desentrañando, desde su particular visión, las similitudes y diferencias de alguno de ellos sostenía que la distancia entre Baudelaire y Rimbaud estribaba en que el primero, a pesar de su aparente vida disipada, era dueño de todos sus recursos estilísticos así como del conocimiento de la deriva de su obra y, por eso, era un poeta sensato, un pater; en contraposición a Rimbaud y Lautréamont que representaban el papel del poeta adolescente, el poeta puro, intocado por la contaminación de la sociedad circundante. No quisiera excederme en la comparación pero Animales Animales se aproxima más a este segundo estadio, bebe más de las iluminaciones rimbaudianas, de las fragilidades “sin timón y en delirio” (uso términos referidos por el propio Bolaño en dicha entrevista rememorando un verso de su viejo amigo Mario Santiago Papasquiaro) que de las sensateces de los poetas cuya obra se levanta como una arquitectura dominadora. Hay algo intocado en la poesía de Abeleira. Algo visceral que mana desde lo vivo y la emoción. Y eso, en estos tiempos de renovado solipsismo, suena extraño y arriesgado. Algunos lectores, en cambio, lo agradecemos.

Ernesto García López

http://ernestogarcialopez.blogspot.com/2010/06/animales-animales-de-xoan-abeleira.html